En esta entrada hemos querido hablar acerca de la identidad. La reflexión se torna compleja cuando nos damos cuenta que ésta es susceptible de mutarse ya que estamos inmersos en una cultura y somos su propia invención, hay una tendencia a cambiar el orden natural del cuerpo humano y de la personalidad de los sujetos. Durante este proceso la identidad sufre una alteridad que depende de unos patrones culturales que intervienen en el acoplamiento del cuerpo humano con los dispositivos o maquinas que están a su alcance. Es así como encontramos identidades mutantes en las que las diversas tecnologías cosméticas embellecedoras como los medicamentos, los productos de belleza, la publicidad y los “gender-clinics” permiten que haya una libre combinación de la identidad personal. Es posible notar la construcción de identidades a partir de imágenes exteriores que circulan aceleradamente por los medios de comunicación y que se vuelven simulacros que se incorporan a los sujetos que viven una identidad alternativa y permeable.
Las identidades libremente combinadas, hoy en día constituidas por aparatos tecnológicos, son un comienzo sin fin con formas frecuentemente paradójicas en las que el sujeto multifacético se encuentra bajo la seducción de la imaginación convirtiéndose a sí mismo en rareza, como lo menciona el especialista en filosofía Alain Badiou. Proponemos plantear una nueva ecuación en la que la palabra identificación se vuelve más fuerte que identidad, en donde cambiar, transformarse y producir diferentes montajes en torno a las identidades le da sentido a la heterogeneidad del sujeto.
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