sábado, 25 de septiembre de 2010

Crisis religiosa ante la fatal abstención papal

Más que resistirme a hablar de un tema netamente teológico, quisiera referirme en este caso, y dejando a un lado -como ya habíamos propuesto en entradas pasadas-, el tema de la basura ecológica para pasar al tema de la basura social, desde una perspectiva un tanto sociológica. 

Ante los últimos ataques a los que se ha visto enfrentada la iglesia Católica en los últimos años, se ha reafirmado que la religión católico-cristiana a pesar de haberse instaurado durante siglos como un poder tan legítimo como el estatal, ha perdido toda credibilidad por las declaraciones que se han puesto a la luz pública, todo por el llamado voto de castidad, que ha falta de ser una imposición, que va en contra de la voluntad que tiene el hombre sobre sus capacidades físicas, ha menospreciado lo que la racionalidad del hombre que profesa una fe, puede hacer sin perjuicio a sus creencias religiosas. Aún así, esta llamada virtud de aquellos hombres de fe, de vestido de sotana, regidos bajo unas leyes canónicas, nos permite ver que por sus debilidades (o habilidades) por el goce carnal, esto aunque suene un tanto indiscreto, puede realmente tener unas consecuencias nefastas en una sociedad débil, que se ha liberado de la ética de la convicción y por ende de sus propios valores morales, por lo que la culpa no corroe sino a aquellos actores victimas de las acciones de estos hombre de fe. Este cambio en la jerarquía de valores, que ha dejado en un segundo plano la integridad sexual de los hombres y mujeres afectados, choca de imprevisto con la culpa que queda bien guardada bajo la conciencia de estos hombres de sotana y cruz en el pecho. 

Así, las huellas imborrables que han dejado los actos hábiles de nuestros hombres de fe no libran a la institución católico-cristiana del rechazo. Por esto la sociedad consciente y despierta se manifestara en voz de la búsqueda para deslegitimar estas acciones que no han hecho más que impedir el libre desarrollo de la sociedad, pues la han cohesionado durante tantos siglos que ahora sus propios individuos, que se comportan como animales, demuestran la debilidad del ser humano, que aunque muy regido bajo leyes que lo cohíben se comporta respondiendo solo a sus instintos. 

Y a la espera de una respuesta sensata -que no solo calme la conciencia social por un rato con una simple disculpa- de aquél que trata de impedir el desprestigio de su institución, que prefiere callar y hacerse la de la vista gorda todo por mantener sus intereses y su poder, -que como ya hemos presenciado por la cobertura mediática-, está más que quebrantado.

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